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Non! nous ne passerons pas l'été dans cet avare pays où nous ne serons jamais que des orphelins fiancés



P intuía que contestar ese correo era soltar todos los hilos, sentir que no había ninguna despedida pendiente.

No era la posibilidad de un reencuentro, era la posibilidad de conocer detalles de Y: ¿por la noche al terminar de cepillarse el pelo lo ata en una coleta?, ¿hace gestos cuando su programa favorito se suspende por una transmisión de opinión política?, ¿le molesta que le sirva menos desayuno que el acostumbrado?
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P. está nervioso, cree hará nuevas tonterías cuando la encuentre, algo más estúpido que lo que ya ha hecho:

a) caerse de boca en unas escaleras
b) tropezarse en la entrada de un oxxo
c) tirarse la comida en la camisa y estar así cerca de una hora
d) olvidar su nombre en la recepción de un hotel

All those stars drip down like butter. Promises are sweet.


Tánger es un recuadro negro en mi cabeza.

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Desde hace unas semanas al llegar a una habitación trazo líneas y formas geométricas. Divido el cuarto como he visto que lo hacen en los estudios de pintura clásica o en las películas donde una computadora analiza un espacio.

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Hace unos meses sentí que algo en mi cerebro se desordenó. Es como si los pensamientos, las pocas ideas se transformaran en sensacioes físicas.

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Acertijo para los anónimos.
En una estancia enorme se lleva a cabo un torneo de tiro.
Arqueros de distintas naciones.
Doce horas de competencia.
Dos banquetes.
El rey en algún momento pronuncia un discurso.
Se habla de ritos de iniciación.
De puertas que se abren cada trescientas noches.

¿Jorge Posada mientras tanto qué dice a su compañero de mesa?

¿Quién carajos pensará en la palabra diletante? ¿Quién pensará serlo?


La historia comenzará a las tres de la mañana en una parada de metrobús.
Los protagonistas dos enmariguanados riéndose ante la posibilidad de trabajar como choferes en el horario nocturno y sólo parar en aquellas estaciones que tengan cuatro vocales en el nombre, exista o no esta posibilidad.

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La calle de Puebla inicia siete calles antes de la avenida Insurgentes y termina en la frontera norte del país.

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Frases para dibujar detrás de un cuadro original de un pintor nacido en 1984, de preferencia de estilo realista y urbano:

Tu poesía es lo más chiclesbomba que he escuchado hoy.
Desde hace un tiempo sé que soy una anarquista mística.
Lo más érotico que puedes encontrar es una ventana con los marcos dorados.

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Un sábado con alemanas inmóviles en una banqueta, a punto de decir algo; dieciocho segundos después entran a un restaurante demasiado caro para los dos hombres que en ese momento todavía no ríen enmariguanados.

El Ulises echándoles a perder el trío con la mujer maravilla (hubiera sido tan bueno que el golpe del changarrito lo matara).

Dos gringas perdidas en la calle de Puebla; por supuesto no saben que es una calle que no termina nunca, en la que se abren extraños pasadizos temporales.

El Kobra manda a los dos hombres que aún no están enmariguanados, pero que actúan como tal, a comprar un cable. La tienda de eléctricos está a dos cuadras. Los hombres tardan cuarenta y cinco minutos; logran llegar sólo porque el Kobra les llama por teléfono y les da las instrucciones para regresar.

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El autor al corregir la historia omite el viaje de regreso en taxi y la separación de los hombres ya no tan enmariguanados:
uno a un departamento que no es suyo pero en el que lleva viviendo unas semanas,
el otro a la casa de su madre enferma.

El transporte axonal, posible responsabe de la epilepsia


Curioso que Chagall hace unos años fuera mi pintor favorito.

Curioso que un guionista lo utilice en su obra y haga que una actriz y un dueño de una librería amen a ese pintor.

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Palabras:

narcolepsia, cortinas, agujas, zapatos ortopédicos, conos, máquinas hace conos, wafleras.

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No me explico la amistad y respeto de Wolverine hacia Cíclope.
Hay cierto cansancio en el mito de James Howlett.
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Hace unas noches:
Jorge Posada haciendo el papel de hombre con conciencia.
De ciudadano con remordimientos.
Al despertar, amaneció de buen humor.
Con el mejor humor posible: el negro.

Favor de no tocar las pantallas


Las dos ocasiones en que perdí el sentido vi:

a) una habitación verde, una mujer parecida a mi hermana que me acariciaba.

b) unos tubos amarillos en una calle que era una alberca.

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Hace unos días busqué en google y en hi5 fotografías o referencias de personas de mi edad que conocí en la escuela o en el trabajo.

Ni una mención.
Ni una despedida.

Será que no busqué bien o que he olvidado sus nombres. No puede ser que mi generación haya desaparecido.

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Pensé en dejar cosas en su puerta.
Pedirle que regrese.

La secuencia sería:

1 Preparo el regalo:
a) un kit de belleza que consiste en dos ganchos para las trenzas
b) unos cigarros de chocolate con envoltura de Delicados
c) unos granos de café
d) una taza con un papel que diga que extraño desayunar con él
e) una nota aclaratoria donde le señale que no soy Mónica
f) la foto hermosísima que salió en la revista chilango, pidiendo *

2 Toco el timbre de su departamento.

3 Pido a un transeunte que diga que el señor Zúñiga Naime tiene un paquete que debe recoger en la puerta.

4 Echarme a correr.
*algunos regalos fueron idea de LIrva

I don't have to think, I only have to do it. The result always perfect




Buena una creencia que garantice la resurreción de los justos: Cobain, César Moro.

(No se me ocurre nadie más).



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El blog es un lugar.

Más específico: el blog es un cuerpo.



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¿Has visto a un hombre blanco en una piscina mientras llueve?

¿A unos muchachos en una piscina con hojas secas?

¿Una familia de cuatro niños en un chapoteadero?



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Fragmento de una entrevista a Jorge Posada, La Jornada, martes 16 de noviembre 2014.



¿Existe aún algo que le sorprenda del oficio de escribir?



Si no me sorprendiera lo dejaría.

Pero me sorprende más la manera de ficcionar de los otros. Por ejemplo, hace unos años una amiga escribió un hecho en el que yo participé. La narración era distinta al recuerdo que yo tenía y al recuerdo que ella conservaba. Tres fabulaciones de un sólo hecho. Si pensamos en un narrador omnisciente (dios) cuatro fabulaciones. Pero las versiones no se detienen allí. El lector, el hipotético lector de mi amiga tiene una imaginación distinta del hecho, le añade o le disminuye imágenes, ideas, según su experiencia. Si este a su vez lo cuenta y así, la historia será infinita.

Una tormenta de mierda


El tipo traía unas películas y un dvd.
- No tengo televisor donde ver eso.
El tipo se extrañó y dijo: Respeto mucho a los escritores que no tienen nada.
- ¿A cuántos conoce así?
- Usted es el primero.

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Literatura nazi en América = Historia universal de la infamia.
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Escribir una novela abarrotada de personajes.
Escribir una novela donde no transcurra nada o sólo un hecho que defina a esos personajes.
Escribir una novela siguiendo los consejos de Borges.
Escribir una novela como quien escucha una entrevista.

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¿Cuántos nombres hay en 2666, los Detectives y la Literatura nazi?
¿Algún doctorante hará esa cuenta?
Me imagino el título de un acápite de una tesis: La monstruosidad del nombre: la capacidad narrativa de Roberto Bolaño.

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La importancia de un nombre.
Eso pensaba Dedalus-Joyce.
En el capítulo de la biblioteca.
En el capítulo de Hamlet.

Mi nombre.
Jorge: agricultor, el hombre que no abandonará su labranza, es decir la escritura.
Posada: lugar donde se hospedan personas, en especial viajantes.

Jorge Posada: el tipo que no abandonará su lugar, un sitio que habitará todo tipo de personajes.

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Fragmento de una entrevista entre Iñaki Valderrama y Faustino Cardoza en la revista El poeta y su trabajo, verano, 2012, pp. 14- 19.

I. V.: Tú que fuiste el mejor amigo de Jorge Posada. ¿Quién era su escritor favorito? ¿Por qué?

F. C.: Tenía muchos. Pero era una relación difícil, los leía, los confrontaba, los criticaba incansable, los corregía, para al fin decir que lo seguían sorprendiendo. Era un tipo sorprendido. Sorprendido mas no estúpido. Bueno un poco estúpido, habrá que decirlo todo. Su favorito era Joyce. No sólo por el Ulises. Aunque algo influía. Era por los comentarios que había leído sobre él, los que lo describían como un hombre que en una plática podía hablar de música, de escritores de la edad media e inmediatamente hacer un chiste soez. Le fascinaba que Joyce fuera vulgar, sucio. En una palabra: sórdido.

Where is my mind? Way out in the water see it swimmin'?


Diré que la perdí entre una pared con un espejo y una cama llena de niños,
con un hombre en unos baños públicos de Calzada de Tlalpan,
en una habitación donde dormí por cuatro horas,
en una camioneta donde escuché el sonido que hace un pantalón negro;
al aceptar que Germán me penetrara,
al orinar después de acostarme con una mujer que olía a sudor;
cuando hablé con mi exmujer en una heladería,
cuando pagué una cuenta que no era la mía en un Vips.

Pego una fotografía de una estación de tren en la pared de la oficina


Los únicos lugares democráticos de esta ciudad son los cines porno.

Igualdad: por ciento cincuenta pesos (incluyen los condones), una pareja (sin importar edad, color, aspecto) puede acceder. Nadie dijo que los derechos ciudadanos son gratis.
.
Tolerancia: no se juzga un ojo chueco, la calvicie, el exceso de gordura. Nadie dijo que el estado no necesita la obscuridad.

Libertad de expresión: ruidos varios, posiciones varias, proposiciones varias. Nadie dijo que el sonido de la película sería más alto que el sonido ambiental.

Oportunidad: puedes hacer y lograr lo que sea, por supuesto respetando el no de los otros. Nadie dijo que en los cines porno no se citara a Camus: ¿qué es un hombre rebelde?, un hombre que dice no.

Libertad de tránsito: cambias de butaca, de fila, de pareja, de parejas. Nadie dijo que aquí habría una dictadura.

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Pienso en penes sucios,
en penes con verrugas,
en penes fragantes,
en penes circuncidados,
en penes olorosos a orina,
en penes enormes y venosos,
en penes rosas,
en penes con demasiada leche,
en penes negros y amargos,
en penes diminutos,
en penes temblando,
en penes blancos y larguiruchos,
en penes fuertes,
en penes bonitos,
en penes que no saben a nada.

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Recuerdo ciertas pesadillas de la infancia:
Un presidente negro: apocalipsis.
Un papa nazi: siete trompetas.
Ciudades inundadas, puentes inundados: ruptura de sellos.
Derrumbe de torres, de muros: Juan en Patmos.
Manipulación científica sobre la vida: los mil cuatrocientos cuarenta justos.
Pecados contra la carne: la bestia que es muchas bestias.
McDonald's, Strarbucks, Kentuckys al rededor del planeta: pesadilla y broma de Warhol.

Es más fácil no regresar a irse


Pienso en mujeres que soñaron hacer el amor con hombres apuestos; ahora a sus treinta años cogen en los cubículos de la oficina con sus compañeros: polvos horribles y apresurados.


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A pesar de los errores existen fotografías agradables:

Tú, muerta de risa mientras saludo a los choferes de tráiler desde la parte trasera de una camioneta.
Sorprendida ante mi entusiasmo por 5 X 2.
La exposición de Javier Marín en una ciudad de Oaxaca desierta.
La sala de Pedro Miguel donde escribíamos durante dos horas sin parar.
Las noches en que eyaculaste.
El primer maratón de cine al que asistimos.

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Pienso en mujeres que pasan doce horas en un mostrador,
en hombres que escogen el papel de observadores,
en niños que persiguen a las moscas verdes de los jardines.

Pienso en mí oliendo a un perro amarillo.

Fotografías en un muro azul


Un hombre toma un frasco de crema azul y lo guarda en un morral negro.
En la cama una mujer finge dormir.
El hombre desearía no regresar a ese cuarto pero el guión indica otra cosa.

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Otro hombre sale de su departamento.
Desde las escaleras del edificio observa el patio de una escuela.
En esa escuela estudia su hija, con la que no habla desde hace años.
El hombre se limita a mirarla durante los recreos.
Fuma.
Entra a su casa.
Se sienta en una silla y escribe durante horas.

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Otro, está harto de la mujer con la que vive.

Su hartazgo se manifiesta en un ansia por tener sexo.

Lo busca en internet.

Encuentra una trasvesti, Claudia, de treinta años.

Se citan en la casa de ella a las cuatro de la tarde.

Cuando el hombre se viene trata de apretar las mandíbulas.

En verdad lo intenta.

Pero no sucede.

Habla con Claudia.

A los cinco minutos están riendo.

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(Fotografía en blanco y negro)

Natalia pertenece a los estantes de la biblioteca.

Cualquier lector podrá tomar las Tramas del uso.

Leerlas, memorizarlas o no abrir sus páginas.

Pienso que por la tarde de algún día,

un hombre al buscar otro título se topará

con éste y sentirá un leve golpe en el vientre.

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(Cartel de revista)

Kurt: Me gustaría pertenecer a una banda que antes de lograr un contrato grande se desintegrara. Antes del bullicio, antes del ruido ensordecedor.

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Un hombre camina a las cuatro de la mañana.

Piensa en una cosa: hacer una llamada telefónica.

Detenerse.

Marcar un número.

Cualquiera.

Tener la certeza que la voz que conteste será la indicada.

¿Indicada para qué? - pregunta.

(Si esto fuera una función de teatro

un personaje diría:

Hacer una llamada es dibujar con un gis una línea.

Hablar cerca de un muro es dibujar con un gis una línea.

Escuchar una conversación detrás de una puerta es borrar esa línea).

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(Póster para aficionados)

P. con el uniforme del Sevilla.

Después de un partido de la liga española.

Su equipo perdió en los últimos minutos

la ventaja de dos goles sobre el Madrid.

P. sonrié.

No puede hacer otra cosa.

(Algunos hinchas creen que es imbécil)

El Sevilla está acostumbrado a que el Madrid gane al final.

Incluso están preparados para el drama

que harán los detanteros

para obligar a que el árbitro en menos de cinco minutos

marque tres penales

(Un fanático del Madrid protesta:

si los del Sevilla hubieran metido más goles no hubiera sucedido nada).

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Escucho canciones de grupos nuevos.

Pero también escucho grupos que conocí a los quince años.

Meet Puppets, Mudhoney, Vaselines.

Y la grandísima bailaré sobre tu tumba de Riesgo de contagio.

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Te mataré con mis zapatos de claquet.

Te ahorcaré con mi smoking.

Y bailaré sobre tu tumba.


Te degollaré con un disco afilado.

Te tragarás la colección de cassetes.

Y bailaré sobre tu tumba.

Te clavaré mi guitarra.

Te aplastaré con mi piano.

Te desollaré con mis platillos.

Te trepanaré con mi órgano Hammond.

Y bailaré sobre tu tumba.

His name is Robert Paulson


Después de hablar con Mariana por una hora, ella dice que pensaba le anunciaría mi viaje a Tánger.



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Me cito a las cinco de la tarde con mi padre en el centro. Entramos al Popular. Hablamos de Fight Club y de Diario. Me pregunta si a su edad (sesenta años) puede cambiar la película. Ser un Tayler que quite el rollo de su matrimonio y ponga uno donde aparezca un hombre en una casa sin muebles y deshabitada.



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Entro a un hi5 donde una mujer exprime su odio hacia mí.

Horas después, en el messenger, una mujer que no he visto en un año me hace saber que su esposo murió; me hace sentir que me tiene confianza y que le gustaría estar cerca.



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Hablo por la noche con Avril. Planea un viaje a Santiago de Chile. No dejo de pensar en que he aplazado el viaje a Tánger. En realidad no necesito nada para marcharme. No perderé lo que he vivido en este país.

A nadie le he dicho que nací en Tánger.



Hace una semana al hablar con mi exmujer preguntó cuándo haría el viaje a Marruecos. Cree que he fantaseado tanto con esto que en algún momento se perderá como se perdió mi novela.



Marruecos será la manera de recuperar a mi padre, al tipo que duerme en las calles cuando no logra alojarse en una de las pensiones del centro. Estar en Tánger, será encontrar su cuerpo en el cuerpo de cualquier hombre.



Hace años mi abuela, meses antes de morir, me confundió con su hijo. Me hizo contarle acerca de un reloj que dejó de funcionar en 1963, de un perro que mi padre compró a los diecinueve años.



Tengo la voz y el pene de mi padre Tengo la vida que él quisiera haber tenido.

Estoy acabado.
Llevo meses sin dinero, sin pagar las deudas.
Meses sin visitar a mi hijo. En la contestadora su madre deja amenazas.
Por la mañana me es tan difìcil levantarme.
Antes y después de llegar a la oficina camino una hora; mi cuerpo se cansa como si pasara días sin dormir.
Anoche tuve dos sueños:

A) Estaba en una casa que era el resumen de todas las casas que he visitado en mi vida.
Había aparte de mí, cuatro personas, todas ellas más jóvenes.
En el baño me drogaba.
No soñé con que me drogaba sino con la sensación de estar drogado.
En el comedor una mujer reía.
Era el eco de todas las risas que he escuchado.
Le advertía que se detuviera, que sólo porque no la conocía no le estrellaba el florero que tenìa en la mano.

B) Frente a una vitrina.
Calle Amberes.
Cuatro de la mañana.
Un perro amarillo me sigue.
Caminamos por varias cuadras; doblamos siempre a la izquierda.
En las esquinas el mismo nombre: Calle Amberes.
De un jardín tomo un palo y comienzo a golpear al perro que en lugar de gemir o ladrar, habla, me pregunta de qué me sirve todo ello, de qué me ha valido tener todo eso.
Sé que habla del valor.
Al despertar me doy cuenta que no se trata de la valentía, sino de mi incapacidad de sentir dolor, de cicatrizar casi de inmediato.

Calle Trocadero, La Habana


- Señor he perdido todo en el juego.

- ¿Todo?

- Todo, menos una cosa.

- ¿Cuál?

- Las ganas de seguir jugando.

Solá


Me fascina ser un Pseudo, no tener identidad, no tener nombre, ni pretender ser uno y el mismo.

Ser el supuesto, el que pareciera ser, el inminente.

El inmaduro, el que odia a su madre y la odia en todas las personas.

El que no tiene características especiales, el que no es muy alto, ni muy bajo, el que no tiene ningún lunar sobresaliente, vamos, ni siquiera soy tan feo para ser remarcable.

Mi nombres es el de un beisbolista. . Ni siquiera eso me pertenece, porque si escojo el nombre de Armando resulta que obtengo el nombre de mi padre. Ser en el nombre otro, tener la posibilidad de no poseer ni siquiera una biografía y si se quiere una, construirla sólo con hechos falsos.
Mi cuerpo es el de los otros, el de Rey Rosa y el de Perec.

Fragmentarse. Ser incesantemente esos fragmentos.

Historias que me cuento



Era un martes. Fui al centro a buscar unos libros de Rey Rosa. En ninguna librería encontré referencias. Pasé a orinar al Sanborns de azulejos, sigo pensando que estas tiendas son cercanas al paraíso: comics y revistas gratis, baños limpios con un uniformado cortando el papel con el que secarás las manos, bueno tú sabes a lo que me refiero. Salí y vi los carteles de una exposición en el MUNAL. La primera sala aburrida. ¡Gracias por tanto aburrimiento, MUNAL! Otras dos iguales. En un pasillo había unas viejecitas, comencé a seguirlas, sólo por escucharlas. Decían cosas de sus nietos, del frío que hacía en el museo. Pero si yo estaba sudando. ¿Problemas sensoriales? ¿De ellas o míos? Decidí salir pero en la primera sala una mujer llamó mi atención. Podía bobear un rato y así verla. Aquí cabría la descripción, pero tú has visto fotos de ella, así que nos la saltamos. Parecía confundida, a punto del paroxismo. ¿Qué significa paroxismo? Lo que sea. Frente a un cuadro, ella le preguntó a una de las
edecanes-policías-nopaselalíneadeseguridadporquesinoelcuadrosedesintegrayelmuseonotieneunsegurobueno qué significaba la pintura. Yo lo sabía. Por algo aprobé historia del arte en la preparatoria, sin honores, pero, sí, con un sobresaliente. Dudé en acercarme. Pero la mujer era muy atractiva. Al terminar de ver los cuadros de esa sala, horrendos en su mayoría, fuimos a tomar un café. Ella dijo su nombre, platicó de su esposo y su inminente divorcio, han pasado tres años y esa inminencia sigue, de su hija. Entramos a un hotel donde sólo nos besamos. Quince días después nos encontramos en Tlaxcala. Lo demás, ya te lo he contado demasiadas veces, incluso tienes un diario lleno con mis confesiones.








Con Edgar pasaba más de la mitad del día en el patio de casa de la abuela, chutando un balón contra una reja blanca. Jugábamos tandas de penalties, no recuerdo realmente quién era mejor, sino los desaforados festejos: correr y escuchar el ruido de las tribunas. Alguna vez una de mis tías dejó que pasáramos sucios y sudorosos a ver la televisión y después jugar Atari. El aparato era de su novio, por lo que debíamos cuidarlo. Nos tendimos en una alfombra amarilla que tenía el pelo muy largo, Edgar perdió unas monedas y un llavero. Ahora que intento recuperar estos momentos, sólo puedo traer con precisión los objetos, como si la ficción que es la infancia sólo permitiera ser un personaje testigo, como si el niño que fui, sólo estuviera para dar testimonio de las cosas que vio. Estuvimos dos horas frente al televisor, presionando los controles, en un silencio que era tan distinto a la bulla del patio. El Atari era una diversión hacia dentro. Un ensimismarse compartido. También distinto a los momentos que permanecíamos sentados a la sombra de un automóvil a las cuatro de la tarde contando cosas acerca de las pocas niñas que conocíamos. Cuando anocheció, mi tía apagó el Atari. Acompañé a Edgar a su casa y nos despedimos. Algo había cambiado, sabíamos que también estando juntos podíamos estar solos y no estaba mal.

a Iván Cruz Osorio.
Te robe a Kafka hace nueve años, cuando no podía disimular que te envidiaba. Eras la joven promesa. Tú me calificabas de peligroso y de muchacho raído. No entendí ni entiendo lo último. Eran años que recuerdo por los puentes en los que permanecí por horas durante la noche. Nos conocimos gracias a Raquel y a Mariana. Lo primero que dijiste tuvo relación con Oaxaca; después hablaste de tu hermano en Nueva York, de tu miedo al latín y al griego. Como siempre yo no tuve de qué hablar, como si quisiera borrar mi pasado con cada una de las personas con las que me relaciono. Te enteraste de mi deseo por ser músico, de mis nueve horas encerrado en mi habitación con un cuaderno, una pluma y tres discos sonando incesantes. Comenzamos a trabajar en el proyecto de pintura y poesía con Carol y Alex. Tú te encargaste de fotografiar y asignar las correspondencias de las obras gráficas, yo de teclear y corregir los textos escritos. No recuerdo que realizáramos algún ensayo. Directo a la función con el auditorio lleno, con aquellas imágenes que aún ahora, me parecen magníficas, sobretodo las que escogiste para mis textos: aquel cuadro azul que en el centro contenía un trozo de periódico y el dibujo de una botella de cristal. Luego vino el recital de rock, en el que compartimos una mesa y me quebraste de risa con tu intervención; yo toqué cuatro canciones de grunge que sabía tú no aprobabas. Fue un año divertido. Vino la huelga y tú entraste a la escuela de escritores y yo me encerré en una biblioteca cercana a mi hogar. Allí hubo un Kafka distinto al que te había robado. Todavía no entendía al señor Franz. Durante esos meses permanecimos en varias ocasiones hablando de poesía durante más de doce horas en un camellón que ahora me parece triste. Te entregué unos textos mecanagrafiados que tú me comentaste en un Vips: fuiste enfático en mi no uso de la forma, en mi desbordamiento. Nos encontramos tiempo después en la facultad: nos enlazaba Gorostiza, nuevas pláticas infatigables, pero allí algo ya estaba roto, yo estaba dispuesto a ser un Ulises Lima reloaded y tú a recuperar a Mario Santiago, a ser el compilador, a ser Sheridan recargado. Vino lo de Opción, lo de Tiempo de Guernica, lo de Viento en Vela, lo de tus viajes y presentaciones. Te sigo envidiando, sigo leyendo a Kafka aunque ahora lo siento más cerca, más incorporado a mi vida. Tú eres el escritor público, yo el tipo que sigue sin tener nada claro, el peligroso y raído.

Poldy


Sí porque la primera vez que me llevó a su casa nos besamos sobre la pared de la sala preguntó si alguna vez alguien me había seducido después supe que siempre decía cosas así frases que la sacan a una pero en ese momento en que sabía que pronto estaría dentro me parecieron palabras dulces y aún lo son a pesar de que meses después supe lo que le dijo a esa muchacha flaca hueles a una fruta justo antes de acedarse era cuando no lo conocía y no me importaba llamar a mi madre hacerle saber que no iría a dormir no pude adivinar lo de los meses siguientes tantas mentiras pero hubo noches en que las pasé sofocada a su lado oyéndolo sintiéndolo al lado de mi cuerpo en esa habitación tan fría sí porque cuando llegábamos por las noches después del trabajo nos metíamos en la cocina a freír pescado nos reíamos escuchábamos los pequeños ruidos que se escuchan después de medianoche esos ruidos que a mí sola me causan terror desde la cocina veíamos una ventana que todas las noches mantenía las luces encendidas eso me recuerda cuando salimos de viaje en esa carretera tan limpia en un auto en el que apenas y cabíamos sí esa noche sobre la pared me olvidé de lo que había sucedido con mi padre sí aun cuando los sábados me hacía rabiar cuando venía con su hijo ya desayunados cuando yo me había levantado para prepararles tostadas y jugo ese hijo que no era mío ese niño que después tuve en el vientre y que él me obligó a tirar sí porque él me tenía como aquella vez en que miramos esa barda de ladrillos rojos atestada de caracoles él diciendo que cada temporada de lluvia terminaba matando a esos animales que me parecen tan absurdos era difícil pasar las mañanas con él porque no le parece tomar café caliente a esas horas prefiere un almuerzo fuerte a las dos de la tarde me miraba desconfiado cuando me servía en esas tazas blancas y hermosas apiladas en la vitrina esa noche sobre la pared de la sala sentí vergüenza de mi piel de mi olor pero al final él dijo que poseía un sabor tan ténue me desordenó no sabía qué contestar a una cosa así

¿Tyler Durden?


¿Cómo y dónde estaba el personaje?
Era un tipo moreno, bajo de estatura, pelo negro quebrado, nada agraciado. Estaba en un vagón del transporte urbano.



¿Qué hacía?
Se había levantado de su asiento para esperar que el tren llegara a la estación siguiente.



¿Qué veía?
El reflejo de su cuerpo en la ventanilla, uno de los pasamanos, a un hombre mayor de cincuenta años que tosía con fuerza.


¿Qué escuchaba?
Escuchaba una canción de Television en los audífonos.


¿Pensaba en algo mientras escuchaba esa canción?
Sí. Intentaba recordar el color de la camioneta de sus padres, cuando él contaba con seis años y en la que durante los viajes largos jugaba en la parte trasera con su hermana.


¿Por qué intentaba recordar eso?
Por simple afán de recordar fragmentos de su infancia, sin ninguna otra utilidad, por lo menos no en ese instante.


¿El personaje llevaba algo?
Una bolsa de nylon azul en la que cargaba una libreta y dos libros.


¿Qué libros?
Dos novelas de Álvaro Pombo.


¿Por qué de ese autor?
Por que le gustaba la forma de narrar de ese autor.


¿Cuánto tiempo tardaría el tren en llegar a la siguiente estación?
Alrededor de quince segundos.


¿Sucedió algo durante ese periódo de tiempo?
Sí. Un hombre de la misma edad del personaje pero más alto se colocó a su espalda y le dijo: "Llevas más de quince años queriendo hacerlo. ¿Por qué no lo haces hoy?"


¿A qué se refería ese hombre?
Al deseo del personaje de tirar de la palanca de seguridad.


¿Qué hizo el personaje?
Permaneció inmóvil por un momento. Dejó de pensar en la camioneta de su infancia y miró la palanca roja de seguridad. Volteó hacia el hombre que con un movimiento violento de las manos hizo que siguiera mirando la palanca roja y tan cercana de seguridad. El personaje sintió un fuerte tirón eléctrico en los brazos. Alzó la mano derecha en dirección de la palanca roja tan cercana y fría de seguridad. En el momento en que el tren se detuvo y abrió las puertas el personaje tiró de la palanaca roja tan cercana fría y ruidosa de seguridad. Al caminar por el andén contrarios a su dirección corrían algunos policías que gritaban frenéticos.
Elefante
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