no poseo la fecha de certificado el número donde pongan la caja
la casera encuentra mi rostro como una soga lleva los muebles a un baldío lo primero que se pierde son las uñas y la forma de mirar los pájaros nadie imagina mi romance con las salas de cine con el sigilo de la orquesta
nadie lo que soporta mi hígado las madrugadas que piensa en terminar
el edificio que se hunde a un mes de la inauguración el chófer que se disfraza durante su boda la temporada que te masturbas en la biblioteca las miles de llaves que pierdes el libro de maría negroni que paloma copió en un cuaderno la chica que se tatuó la clavícula el ángelus en el jardín el entrenador que regala pines a los banqueros el capitán que da muerte a una monja con un golpe de oreja el senador que imagina el menú que le servirá a dios
los sábados en el esguince de los once que se alinean en el hijo y sus catorce horas de desvelo
el día consiste en manejar un espacio con gente dormida con dos niños que no te conocen de nada y a los que reservas los bolsillos del pantalón
35 años sin saber dónde te divides
ser uno de los rostros húmedos negros del autobús que se aleja
el marido de una licenciada a la que golpeas una tarde en el comedor
el moroso que huía de las tarjetas y que propició la cercanía de un desalojo
en la pared proyecto imágenes tuyas de la uno a la quince oyes cómo arreglo los trámites funerarios de la abuela de la dieciséis a la veinticuatro el proceso de tu embolia de la veinticinco a la treinta y dos lear sexagenario