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s m












a joaquín ruano








en la esquina donde suenan lámparas
dejas las horas de tus brazos
la voz de la tráquea

la guía para crear un mirlo






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así termina prunela








vemos como el que tiene mala luz las cosas que nos son lejanas









luego de cinco años y sus semanas 
cambias la música

existen viajes y risas como acantilados

afuera los actores se visten en la niebla






en suma










no poseo la fecha de certificado
el número donde pongan la caja

la casera encuentra mi rostro como una soga
lleva los muebles a un baldío

lo primero que se pierde
son las uñas
y la forma de mirar los pájaros

nadie imagina mi romance con las salas de cine
con el sigilo de la orquesta

nadie lo que soporta mi hígado
las madrugadas que piensa en terminar








algo te identifica










lo diferente tu alma de tres cuartos
los calcetines secándose en la esquina








el lugar donde me pongo











uso la camisa de mi padre
para caminar el pasillo
donde el atlas y el sábado

levanto envases que se atascan en los libros

celebro 32 durante el martes
que me dolieron los tendones







al revés de las aves del monte









uno que no oí hablar
carga lámparas de incienso

nos encontramos en el cruce
donde paraba a los 8 meses de su hijo

me recuerda al obrero
que mientras calienta el café 
gusta de frotar los nudillos con piedras 




viniere el malo con un trono al hombro



























discursos contra sábados sin excusa
contra mi advertencia


lo miro cuando ata los perros al espinazo
cuando se aminora


¿dónde su tos que desvela?
¿dónde su nariz de infancia?










¡ande desnudo en pelo el millonario!

















el edificio que se hunde a un mes de la inauguración
el chófer que se disfraza durante su boda
la temporada que te masturbas en la biblioteca
las miles de llaves que pierdes
el libro de maría negroni que paloma copió en un cuaderno
la chica que se tatuó la clavícula
el ángelus en el jardín
el entrenador que regala pines a los banqueros
el capitán que da muerte a una monja con un golpe de oreja
el senador que imagina el menú que le servirá a dios












acaba de pasar el que vendrá









el que cumplió la tercera visita
el oculto en adoquines 

me regala un juego de uñas
y el pasaporte de papá






el alma que sufrió de ser su cuerpo












 







dibujas tu hígado
el que murió en casa de la abuela

el que se transporta en vagones y mapas luminosos

entras luego de semanas paralíticas
de sillas donde soportas el doble de las vértebras
 

andas sin hablar
sin cruzar los periódicos
solo en el límite de los autobuses

estás sin el húmero
sin lo elástico del cuello

con la hilera de niños que existen
y los que son un diagn
óstico


















@


















frascos donde encierro palabras

 
puentes
árboles
mirlos

 
las contemplo como animales
que no respiran en el humo
 
anoche dejé los frascos abiertos
 
las palabras al salir
se convirtieron en papel quemado 








¿ , z c ?
















me enredo al desconocer
la cantidad de tu pubis
el radio que separa
tus dedos del monitor


me paro en los huecos
donde pierdes las llaves
en la imagen de un pájaro
sobre la isla


me tiro en las sábanas
que desvelaron los tendones
en un colchón donde no fuimos


me enredo
me paro
me tiro
y este duelo de lustros no cesa









mirlos que en la historia llamarás murciélagos
















habitaciones
donde la música
es una fotografía
un niño 
que no comprende
la palabra incesto


el regalo que recibes en celofán
y que nombras divorcio
lo ocultas bajo los subtítulos 
que durante algunas escenas
son imperceptibles





sé la soledad de su páncreas



















los sábados en el esguince de los once que se alinean
en el hijo y sus catorce horas de desvelo


el día consiste en manejar un espacio 
con gente dormida
con dos niños
que no te conocen de nada
y a los que reservas 
los bolsillos del pantalón


35 años sin saber dónde te divides


ser uno de los rostros
húmedos
negros
del autobús que se aleja


el marido de una licenciada
a la que golpeas una tarde en el comedor


el moroso que huía de las tarjetas
y que propició la cercanía de un desalojo


en la pared proyecto imágenes tuyas
de la uno a la quince
oyes cómo arreglo los trámites funerarios de la abuela
de la dieciséis a la veinticuatro
el proceso de tu embolia
de la veinticinco a la treinta y dos
lear sexagenario













vámonos



















la semana se corta por el uso de puertas
por el brinco irreal del gato
por la longitud de tu nuca
por el café que sin cruzar habitas


cobré los 1500 en astillas de estufa
en el quicio de las falsas anécdotas
del hombre solicitante de cojines
e instructivos de piloto


colocamos vidrios en las rodillas
tubos que cruzan los pulmones
en noches iguales a literas


huimos en lo final del autobús
en los filamentos de lámparas
y en el dibujo distante de un cuervo













ó q br

















tensa el alambre que va de su tobillo al útero


retrata lo propicio del sillón


calca las arterias en el tórax 


dobla indeciso sus clavículas













t r bl





















respira el interior de los frascos


sumerge los hombros en lo inverso


dictámenes donde lo positivo
transforma la tabla que lo sostiene
en muñones


¡tanto liarse con lo absurdo!
¡tanto exigir a los tendones 
para al fin tener el cuello de éter!


recibe los análisis
como el niño que arroja los colores
al ventilador


tose
anda por las líneas del estacionamiento
hasta que el vigilante lo lleva a la salida














(prunela es para vallejo ahora en sus 120 años que se agrandan)





m ch















el niño capoeira traza tus líneas dactilares
en su mano


guarda tu ausencia
debajo de los libros escolares


muerde el filo de los cubiertos


diluye su voz en los pixeles





















ciencias naturales











cuando no existes
la rotura de los huesos altos
lo cardinal del incesto 
el reloj en los vértices


al cerrarnos en lo dócil de los centígrados
te percibo grave como una hoja de periódico
donde guardo carbón 









llegar a la eternidad media hora antes del tiempo















vence lo que desarma la litera
luego de las insinuaciones
de los faltantes del domingo


enumera el filo del patio
las llaves y su complicarse en parábolas


¿dónde las sogas?
¿los filtros que se tienden simétricos?


detiene el paisaje magritte que mando


florece el libido exhausto de las definiciones









Elefante
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