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When the seagulls follow the trawler, it's because they think sardines will be thrown into the sea.


un cartero sufre un accidente automovilístico
después de andar en sentido contrario
en una vía rápida
a 160 km/h
durante 12 minutos

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salir a la calle
por 15 años
con la certeza
de tener
el empleo más difícil:

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el segundo novio de mi hermana
tenía tatuados en el antebrazo
a sammy davis junior
a camilo cienfuegos
y a monica bellucci

antes de terminar con ella
me confesó
que en la espalda
se pondría el número
y el nombre de cantona

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me toco la cabeza
tengo pequeñas cicatrices
como si alguien
hubiera enterrado sus manos en mí

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looking for eric
ken loach
gran bretaña- españa- francia-italia-bélgica
2009





déjenme en paz chaquetas!!!!!!!!!!!!!!!!!!


balance de una noche de jueves


golpeo con una silla el muro que hace unos meses dos viejos pintaron
intento romper un vidrio con piedras y tubos pero no es posible
escupo sobre la ropa que mi mujer arrojó a la calle
amenazo con ir a Guadalajara y no regresar nunca
hablo con varios policías que piden me tranquilice
antes de dormir noto que tengo sangre en la frente y en los brazos

- Sí, hay que cogernos a Sión. - ¿La del 301?


Escuchas una especie de martilleo. El sonido aparece mientras te rasuras; sirve como una alarma. Meses después al llegar de la oficina en la puerta hay una nota de la administración donde se llama a los inquilnos para hablar con el muhacho causante del "molesto y cada vez más inquietante ruido". El siguiente domingo doce personas se paran frente al departamento 603. Un muchacho de 19 años abre; lleva un saco zegna y una tanga roja. Una anciana habla. El muchacho no pierde sus palabras pero es como si observara a una nutria desangrarse; cierra la puerta.

Te enjabonas la cara y recuperas uno de los muros del departamento e imaginas al tipo en tanga roja disparando una escopeta contra la imagen de una niña justo en el instante de quitarse los jeans.

Periférico sur 2114: Quiero saber qué tienes adentro aunque no tengas nada quisiera saber


Pegarse a la pared y sacar los cigarros uno por uno. Hace rato escuchaste cómo a un punk le gritaron: ¡el concierto del Vómito Nuclear es en Tláhuac! Ahora a contrapelo, sin tener dieciséis, habría sido extraño que uno de esos tipos maquillados entre el ruido de los coches y las pláticas dijera: ¡el concierto de los Melvins es en Washington! A saber, el concierto sería de tres bandas y cada una más obscura que las otras. Eso no importa. Lo recalcable aquí: regresarías caminando a casa pues era la primer tocada que no quedaba a tres horas. Voltear y no sonreír: nadie conocido, nadie por conocer, piensas en tus suposiciones más dramáticas.


Primer grupo: cada vez que el tipo con su videocámara pasa frente a donde tú estás, le mientas la madre, lo mandas al carajo. Incluso los monos esos que parecen carcerberos de los infiernos creen que estás drogado o enfermo. Al final de la actuación, el tipo se lanza del escenario contra ti y por única vez en la vida ganas una pelea, hasta una patada en el cuello le acomodas y recibes el aplauso de los hardcoredarks.


Segundo grupo: mounstruos y monigotes más horribles que los que están en el público.


Tercer grupo: Las leyendas eran ciertas: si estás hasta el frente sí le ves los calzones y los ligueros a Rita. A un lado tuyo se abre un valla y corres y dos tipos te lanzan contra la cabeza y los hombros de otros tipos.


Al final caminas durante cuarenta minutos y al llegar a casa en la puerta hay un papel donde te urgen a comunicarte con tu madre. Lo haces desde el teléfono público más cercano: Detuvieron a tu padre por orinar en vía pública. Después de unos momentos la voz te aburre. Cuelgas. Regresas a casa y piensas que sería bueno que hubiera algo de comer que no fuera cereal.
Elefante
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costasinmarcostasinmar