El borracho habla de cummings y de su novia en Teherán


El primer paseo por el centro terminó en un bar ("hace muchos años fue famoso, grande, venían artistas y a las cinco de la madrugada no cabía nadie") con una mesa con tres trasvestis y una mujer con los ojos verde olivo. Una noche larguísima ("tiempo esfera", te miro dando un paso y haciendo la mímica de quien avanza), pero contigo las horas siempre son largas, llenas de espacio, de escalones. Avanzamos en la distancia del tiempo: el tiempo como una escalera.

En la oficina leo un correo más de veinte veces: oraciones confusas que hablan de puzzles y de un pueblo que crece dentro de una hacienda, de una fotografía posible.

Salgo a fumar y tropiezo con una obsesión de las últimas semanas:

dios = cáncer
dios = asfixia


Regreso al escritorio y leo una de las nota que hice el domingo:

Hace años en este restaurante decidí cargar con una libreta, para evitar perder una línea o un verso. Aún no leía lo de Auster y la historia con su padre y el inicio de su escritura. Sólo lo de Proust y sus pocas salidas a la calle y su querer apresar cualquier incidente, cualquier conversación.

1 comentario:

La Sibila de las sílabas sibilantes dijo...

Mmmm quiero leer ese libro de Auster. Ya acabé música del Azar, y no me desagradó pero tampoco me gustó tanto como el buen Sostiene Pereira de Tabucchi...

Abrazou

Elefante
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costasinmarcostasinmar