Newly


Tenía cuatro años cuando mi hermana nació.
Una de mis primeras fotografías mentales: desde una ventana del hospital mi madre la muestra envuelta en una manta amarilla.
Durante su gestación, dos de mis tías sufrieron un accidente automovilístico grave, por lo que los doctores temían afectaciones cerebrales en el producto debido al estrés de mi madre.
No hubo tal. Sólo sucedió que fue imposible dejarla sola durante un año, pues la niña por instantes, se olvidaba de respirar.
Mis padres guardianes de mi hermana.
El hermano guardián de su hermana.






Durante la secundaria tuve mi primer rechazo literario. Tardé ocho meses en componer tres sonetos cuyo eje era el deseo de un hombre por suicidarse. Se los mostré al profesor de literatura que también fungía como editor de la revista estudiantil. Los leyó durante veinte minutos. Después dijo: "No los puedo publicar. Son violentos. Son contrarios no sólo al espíritu de la revista, sino al espíritu de esta escuela."
Durante mi graduación el profesor me entregó una tarjeta con su nombre y con el logotipo del periódico Reforma. "En unos meses, búscame, quizá te gustaría trabajar en un diario." Perdí la tarjeta. Nunca fui a visitarlo. Cuando recuerdo este incidente como música de fondo tengo el lema del Centro Escolar Cedros: Amicus protectio fortis.






Cuando mi hermana creció y era un fastidio porque todo el tiempo me seguía e imitaba, por momentos, sentí temor de que cesara de respirar.






Vi un texto firmado por Jorge Posada en la preparatoria en una revista de cinco páginas tamaño oficio y con tipografía deficiente. Versos libres, sin rima y con exceso de ripios sobre un hombre que se suicida.







Mi hermana sufrío un accidente en el que estuvo a punto de perder un ojo.
Dice mi madre que ella vió cómo perdía sangre.
Yo la encontré en el hospital.
Otra de mis fotografías: ella con un batón blanco y un respirador conectado a su rostro.
También hay una línea: estaba allí, llena de su no aire.






Entré a una librería que no me gusta, pues la conocí cuando era un loft con cajones repletos de Penthouse, que a mis trece años hojeaba temeroso.
Busqué una publicación.
Mi nombre y la de mis amigos.
Los textos fueron titulados con un nombre bucólico.
La utopía es una novela bucólica, escuché que una mujer gritaba en una sala de museo.



Asocio la historia de mi no publicación con la historia respiratoria de mi hermana.
Escribo sobre un hombre que se vacía, como mi hermana al nacer, de lo primero que nos pertenece: el aliento.

1 comentario:

Anónima Nostálgica dijo...

La literatura no es el medio físico.La literatura puede estar en otro lado...y está.



Abrazo

Elefante
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costasinmarcostasinmar