Smell her on you (Primera parte)


P. llevaba más de cuarenta y cinco minutos esperando. Miró el nombre de la estación, creía era el correcto, pero desconfiaba de su memoria y orientación. Abordó el metro y fue a las estaciones aledañas para comprobar que Sosa aún no llegaba. Difícil que lo hubiera plantado.

El lunes anterior habían planeado asistir al juego. Los Diablos contaban con una marca perfecta de diez ganados. Era un buen pretexto. Además para los dos era el primer partido al que asistirían.

P. tenía la boca seca y una gana atroz de fumarse un cigarro. Se levantó del asiento y acercó el rostro a la ventanilla de la puerta. Llovía.

Decidió regresar a casa. Había dormido poco, ese sábado se levantó a las cuatro y media de la madrugada. Estaba fatigado, aún cuando eso se debía más a la tensión por asistir al partido que a la jornada laboral.

Llegó a la estación donde tenía que transbordar, subió despacio unas escaleras. Recordó a su padre. En esos días P. con cualquier pretexto recuperaba algún detalle de esa relación. Durante la infancia de P., su padre sólo hablaba con él durante una temporada: el otoño, cuando se llevaba a cabo la Serie Mundial. Esa semana en que P. esperaba que aquel hombre estuviera temprano en casa y le pidiera que lo acompañara a mirar el resplandor gris del televisor. Hablaban. Era eso lo que conmovía a P., esos diálogos que giraban alrededor de los comentarios del "Mago" Septién, de su fatídica séptima entrada, de sus recuerdos de Series de principio de siglo.

P. miró los letreros, tardó un minuto en saber qué dirección era la correcta. En el momento de abordar recibió una llamada. Era Ánuar que le anunciaba que Sosa estaba en la estación que habían acordado.

3 comentarios:

dèbora hadaza dijo...

pero si Anuar perdiò su telefono!!!

Jorge Posada dijo...

Tienes en la mira al trenzas.

dèbora hadaza dijo...

jajaja conozco al trenzas.

Elefante
,,
costasinmarcostasinmar